Era la asadura y los flexicosos telatirzones girosquijaban y agujemechitaban en el praban,muy endeblerables estaban los zarrapastrojones y los perdirrutados chanvertes bufisilbondaban. -¡Ten mucho cuidado con el cruel Guirigay, hijo mio! ¡Las mandibulas que muerden y las garras que aprisionan! -¡Ten cuidado con el pajaro Yuyo, que de él no fío; huye del rifuegraznizante Protestinfernómal!Tomó su espada flumirante en la mano, por mucho tiempo al enemigo buscó… Y descansó junto al árbol Tumtumgano y pensando y pensando permaneció. Mientras pensaba fulente, aquel Guirigay llameante vino por el bosque enverte, ¡rugitando hacia delante! ¡Uno, dos! ¡Uno, dos! ¡De plano, de revesa, la flumirante hoja golpeó y cortó! Dejando al cuerpo muerto, asió la cabeza y con tal botín guerrero regresó. -Y, pues, ¿es verdad que has terminado con el Guirigay? ¡Ven a mis brazos,entonces, mi bendito hijo de día! -Oh, promifortunoso día, sí… ¡Aleluya! ¡Alelay! Armonivibró en medio de su trompetizul alegría. Era la asadura y los flexicosos telatirzones girosquijaban y agujemechitaban en el praban. Muy endeblerables estaban los zarrapastrojones y los perdirrutados chanvertes bufisilbondaban (Poema de ALICIA EN EL PAÍS DEL ESPEJO, cuando era niña me la sabía de memoria...)
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